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Charlene Wittstock y Príncipe Alberto de Mónaco

No caben dudas, a cerca de la boda de Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco, sobre que ha sido una de las más espectaculares de toda la historia de las bodas de la realeza. Esta es la boda a la que haremos mención y que se merece que contemos todo a cerca de ella, los peinados, el vestido, los números, el ramo, el maquillaje, la ceremonia civil, las damas de honor, el baile, las presencias reales, y como en toda boda de este tipo el pastel que tiene todo el condimento de un cuento de hadas. Todo, en este compacto artículo para que sepamos que esa fue una boda que será recordada, no solo por los testigos de ella, sino por todos los que pudimos ver imágenes, videos, y en vivo ese momento inolvidable que solo se da en los cuentos de hadas.

charlene wittstock y el principe alberto de monaco en su bodaComo todo cuento de hadas, es necesario contar desde el principio, y eso es en el momento y lugar en el que Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco, se conocieron. El príncipe Alberto, es el fruto de la unión del Príncipe Rainiero, y de Grace Kelly, hermano de Carolina y de Estefanía de Mónaco, y por su parte Charlene, nació en Zimbabwe, y es conocida por su trabajo en obras de caridad y fundaciones para ayuda, como es la fundación Nelson Mandela. Se conocieron en las Olimpíadas de Sidney, mientras Charlene competía, ya todos sabemos que ella es una nadadora profesional, y la presentación en sociedad, fue en las Olimpíadas de invierno de Turín. En 2010 la pareja formada por Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco, anunciaron su compromiso.

La ceremonia religiosa se realizó en el Palacio Real de Mónaco, que fueron los testigos más de 800 personas entre presidentes, empresarios, y príncipes, y reyes, realmente fue muy emotiva. Así que en una mañana de sol radiante, del día 2 de julio del año 2011 en Mónaco, dio el sí esta pareja de Charlene de 33 años y del príncipe Alberto de 53. Ahora pasaremos a contar sobre el vestido de la novia y el traje del príncipe: ella llevaba un vestido del diseñador, Armani de color blanco y de líneas rectas, del que se desprendía una cola larga, las flores de piedras doradas a mano, de Swarosvsky y madreselvas con formato de lágrimas, bordadas en la parte delantera y en la cola; sin duda llamaban la atención. Llevó muchas horas la confección, 40000 cristales, y 20000 piedras doradas, 50 metros de seda, y 20 metros de tul de seda. Él eligió el uniforme de gala que se acostumbra en este evento. El maquillaje era muy natural, no llevaba pulseras, ni tiara, ni pendientes, y lució elegante, y sobria. Llevando únicamente la alianza de oro blanco y platino de Jean Cartier. El ramo fue una creación también de Armani, los tonos blancos, de las orquídeas, y los lirios, todos, formando la cascada, dando esbeltez a la figura de Charlene. Charlene optó por un exquisito peinado recogido bajo y muy sencillo, adornado con un broche de flores en diamantes, y el velo nacía en la parte trasera del recogido con un moño acabado en bucles. También ha elegido el recogido para la ceremonia del civil.

Una boda histórica

La boda de Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco, será recordada por siempre jamás, no solamente por el hecho que se trata de la boda de, nada más ni nada menos, que del príncipe Alberto de Mónaco, sino que además, por todos los detalles y momentos inolvidables que se han dado en ese enlace. Ya muchos días antes la prensa de todo el mundo, comenzó a vivir este acontecimiento, en el que se contaba sobre cada detalle que se podía saber, ya que siempre en este tipo de eventos, hay secretos, y sorpresas. El detalle de las damas de honor, fueron los niños de Cap- d´Adil, Beausoleil, Le Turbie, Menton, Peille y Roquebrune, que son ciudades muy próximas al principado y muy bellas por cierto.

charlene wittstock y el principe alberto de monaco en pleno casamientoLa torta de bodas era de siete pisos, 2000 flores de azúcar y 50 kilos de fresas. El chef que llevó a cabo el menú del evento fue Alain Duccasse quien preparó platos exquisitos, elegantes y seductores. Las mesas se instalaron en las terrazas de la Opera Garnier, a la que llegaban de a poco todos los invitados cuyas mesas estaban decoradas con flores blancas, verdes y azules, sillas doradas y almohadones blancos.

Como es de pensar a la boda no le faltó nada, como los típicos platos de Mónaco, barbagiuan (empanadas de pasta muy fina), verduras, alcachofas, puerros, guisantes, hortalizas, tomates, rábanos, flores de calabaza, etcétera. Todos alimentos sanos y sabrosos, como modestos. Tal vez, la hora más esperada es la llegada del pastel de bodas en las terrazas, que como ya dijimos tenía siete pisos, y muchas flores de azúcar, para disfrutar. Y tenía en el último piso, una flor símbolo nacional sudafricano, en homenaje obviamente, a Charlene. Fuegos artificiales, dulces y bailes fueron el escenario del fin de fiesta de esta pareja formada por Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco.

 
 
   
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